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Atte Jjaxxel



26 feb. 2014

La vida es un paso a la vez - Sankh - 9

Capítulo 9:
Amanda estaba muy incómoda con la presencia de Karina y le dieron unas ganas locas de gritarle que se fuese y que no entendía que hacia ahí, pero su mamá le había enseñado en estas situaciones se debe ser toda una dama diplomática. Así que respiró y cerró sus ojos unos segundos con el deseo genuino que al abrirlos Karina hubiese desaparecido; pero no, ahí aún estaba…

-      Hola hermosa. – dijo Karina de pie frente a Amanda.
-      Hola Karina.
-      ¿Crees que podemos hablar? Te he llamado y te he dejado mensajes y te he buscado por todos lados...
Amanda se puso de pie y se detuvo frente a Karina y la miró a los ojos con gran seriedad. – Querida mía, aun no sabes que si no responden tus llamadas y tus mensajes es porque no te quieren hablar, no te quieren leer, no te quieren ver y no quieren saber nada de ti. Es muy sencillo de entender, no hay que ser genio para saberlo ¿o me equivoco?
-      No sea así tan dura.
-      ¿Dura?, ¿me llamas dura? Por Dios, ¿en serio me llamas dura por querer un poco de tiempo sin estar escuchando tus cuentos? Además, no creo que este sea el lugar para hablar nuestros asuntos. – dijo y caminó hacia una esquina justo cerca del barandal de la terraza.
Karina la siguió, la alcanzó y se detuvo a su lado. – Te he extrañado amor.
Amanda guardó silencio y se dedicó a observar fuera, a alguna parte, cual fuese, pero que la mantuviese ocupada. – No creo que tanto Karina. – respondió luego de algunos minutos.
-      ¿Qué sabes tú? – la miró Karina.
-      Ohhh yo lo sé muy bien. ¿Porque extrañarme si puedes buscar a alguien más que simplemente te acompañe?
-      A veces una solo actúa obligada por acciones de otras personas.
-      ¿Qué idiotez acabas de decir? O sea que según tú el que te acuestes con tu amiga es mi culpa.–sostuvo mientras se volteaba a mirar a Karina que ya la estaba observando desde que había llegado.
-      De alguna manera si lo pienso. – declaró con seguridad y con un aire de grandeza.
-      No me jodas Karina, yo no te dije vete acuéstate con la golfa esa, ni te puse un puñal en el pecho para que lo hicieses, si lo hiciste es porque querías, solo porque eres una caliente de mierda que solo piensa en sexo y no le importa los sentimientos de nadie sino su propia satisfacción. Ahora me dices que es mi maldita culpa, mi amor que tú seas una… - mantuvo silencio y prosiguió – infiel no es mi culpa.
-      ¿Hace cuánto que no tenemos sexo? – preguntó Karina intrigada.
-      ¿Esa es tu pregunta? , ¿es acaso importante ahora?
-      Por supuesto.
-      Ahhh claro el hecho que no hayamos tenido intimidad hace semanas te da el derecho de estar con otras mujeres porque yo soy la que no te mantiene. – le sonrió cínicamente.
-      ¿Y no es así? – alzó una de sus cejas y cruzó sus brazos en su pecho.
Amanda la miró con desprecio. – Ok perfecto y ¿antes de esto?
Karina enmudeció y luego preguntó. - ¿Antes de que?
-      Antes de que no tuviésemos intimidad, ¿cuál era tu excusa para ponerme los cuernos? – manifestó fríamente, sin dejar ver algún sentimiento que delatara que le dolía todo esto.
-      Amanda, yo…no…es que…
-      Vamos Karina mira que no soy idiota o ¿acaso olvidas que también soy mujer? No soy tan ingenua para no darme cuenta de los días que tienes cosas más importantes que yo o llegas tarde o tienes mucho trabajo, de las llamadas y mensajes de texto, de tus continuos coqueteos con cualquier linda chica que se cruce en tu camino. ¿Acaso crees que soy ciega o idiota? – le mencionó con un gran sentimiento que no podía contener, pero que no se permitiría expresar, no ahora, no ahí, no frente a ella…
Karina se acercó a Amanda, la tomó de sus manos y la miró largamente, observó cada facción de su rostro que tanto le agradaba mirar. – Eso no significa nada para mí.
Amanda rio y sosteniéndole la mirada a los ojos le dijo. – Ni siquiera lo niegas, es increíble, no sabía que podías llegar a ser tan cínica, eres muy buena, en serio.
Karina la atrajo hacia ella intentando besarla como en la tarde, pero Amanda se apartó rápidamente. – Pretendes llevarme a la cama a mí también.
-      Tú perteneces a mi cama.
Amanda la miró con gran tristeza, juntó los dientes simplemente para así quizás mantener su alma dentro, junto con las lágrimas. Le sonrió con una sonrisa que solo era el reflejo de todo su sentimiento y le dijo con voz suave y tranquila. –¿Sabes a dónde realmente he querido pertenecer?...a tu corazón. - bajó la mirada por unos minutos, luego miró nuevamente a Karina y comenzó a caminar apartándose de ella, sin ninguna otra palabra entre ellas.
Karina se quedó de pie mirando alejarse a Amanda y la invadió una profunda tristeza por sus últimas palabras, sabía que era una maldita idiota y que podía ser todo lo que Amanda decía, pero en el fondo de su ser no le gustaba lastimarla, no se sentía cómoda con lo que estaba ocurriendo, no era grato para nada ese sentimiento que comenzaba a reconocer en su corazón. Pensó ir tras ella, pero de nada serviría ahora, no era el momento, era suficiente…por ahora. Así que resolvió salir y perderse entre las personas que aún quedaban en el lugar y desaparecer.
Amanda se había apartado lo suficiente como para estar sola por unos minutos, había pasado por un trago y se sentó en una de las mesas, comenzó a tomar y escuchó tras de ella. – El alcohol no hace que desaparezca.
-      Cierto, pero al menos me embriaga las neuronas y se desconectan o hacen corto circuito o algo pasa, que mientras dure hace sentirme mejor.
-      Mientras dure…- dijo Cristina extendiéndole la mano. – Vamos a casa hermosa.
-      No, como crees, es tu cumpleaños y no nos vamos a ir por mis estupideces.
Cristina le tomó la mano, la haló y la puso de pie. – Primero, ya no es mi cumpleaños, fue ayer; ya es la madrugada del día siguiente; segundo, hicieron de mi día uno increíblemente hermoso, estoy fascinada con eso y por último, nada, pero nada de lo que ocurra contigo es una estupidez; hasta el más minúsculo detalle de tus cosas tiene tal importancia como si fuese gigantesco.
Amanda le sonrió y acarició su mano. – Pero podrías quedarte con Jason y aun pasar un buen rato y Kathy viaja conmigo, así que nos vamos a casa y túcontinúas tu celebración.
-      Habrá más días, ¿sí?, ya es hora que estas tres señoritas decentes estén en casa, así que no quieras llevarme la contraria una vez más.
-      Como usted diga señorita. – rio Amanda.
Kathy las alcanzó junto con Jason, tomaron algunas pertenencias de las mesas y salieron del club.
Amanda y Kathy se despidieron de Jason y caminaron al auto mientras Cristina se quedó junto a él.
-      Gracias por la velada. Me tenían la sorpresa muy guardada, pero fue increíble.
-      No agradezcas. – la tomó de las manos. – Lo cierto es quien estaba encantado este día fui yo. Estar junto a ti es lo más increíble que me puede pasar y espero que se pueda repetir algunas veces.
-      Claro. - Le sonrió Cristina.
Jason se acercó y la besó en la mejilla muy cerca de la comisura de sus labios. Cristina se paralizó, lo miró con el rostro rojo por la pena y no alcanzó a decir nada porque no sabía que decir en ese momento. Simplemente le sonrió y caminó hasta el auto donde encontró a Kathy y Amanda en una acción normal entre ellas; en medio de una discusión.
-      No, yo conduciré porque te juro que si por tu culpa me muero regresaré desde la tumba y cada noche te halaré las piernas y no te dejaré dormir, además que teharé la vida miserable.
-      ¿Más? – Amanda la miró sorprendida.
-      ¿Más qué?
-      Más miserable.
-      Me estás haciendo enojar Amanda Carolina y vamos a tener un problema. – puso su mano en la cintura.
-      Me vuelves a llamar Amanda Carolina y no necesitarás subir al auto para morir.
-      Está bien Carito.
-      Desgraciada. – dijo Amanda por lo bajo.
-      Ok se acabó la discusión, las dos se callan, tú no vas a conducir porque no me parece que estés en condiciones y tú no conducirás porque…solo por no darte la razón, así que se suben las dos al auto y se mantiene calladas.
Amanda y Kathy miraron a Cristina con cara de espanto, se miraron entre si y se rieron, pero obedecieron y se subieron. Kathy subió en la parte posterior y Amanda en el asiento del pasajero en un silencio sepulcral.
 Luego de varios minutos en que Cristina pensó que se habían dormido y disfrutaba del silencio. – Oyeeee, no creas que no me di cuenta de ese besito, ehhhh, a ver cuenta, cuenta cada detalle del todo.
Cristina alzó sus ojos al cielo y le dijo. - ¿Acaso te dije qué hablaras?
-      No, ¿pero acaso creerías que podía aguantarlo más?, estoy que reviento y por alguna parte explotaría. Así que no te hagas la tonta, ¿sí? ¿Te gusta? – preguntó intrigada Kathy.
Amanda miraba fuera por la ventanilla, cambió su mirada y la posó en Cristina, quien sintió su mirada y luego respondió. – Es lindo.
-      ¿Lindo?, esta riquísimo, en un papacito así para comérselo y dejarse que le haga una docena de hijos y está loco por ti Cris. Él es quizás esa persona que has estado esperando hace mucho, creo que deberías darte la oportunidad. – le dijo Kathy.
-      Ya vas muy rápido Kathy, sabes que voy de un paso a la vez.
-      Es por eso que estás así, yo solo te digo preciosa no dejes ir de tus manos lo que tienes frente y sabes que realmente es lo que quieres. Debes arriesgarte porque pasarás el resto de tu vida lamentándote por lo que no hiciste aquí y ahora, recuerda que la vida es solo una. Disfrútala, vive, sonríe, sueña…ama, no te quedes con las ganas de hacerlo.
Cristina suspiró, sabía que era cierto lo que decía Kathy, pero tenía miedo, por primera vez en la vida tenía miedo de sus sentimientos, tenía el miedo que la paraliza y no sabía que hacer o cómo actuar, pero sin duda debía hacer lo que su corazón sentía, lo que deseaba con ansias locas.
Amanda aun la miraba desde su posición, en silencio observó cada facción de su rostro, observó sus manos en el volante y se fijó en su mano derecha de una pulsera que ella misma también llevaba en la mano derecha; había sido un regalo de Cristina ya hace algunos años y ambas habían prometido llevarla siempre. Continuó su mirada por todo su brazo hasta que llegó al pecho de Cristina, donde pudo observar tímidamente que su camisa se había abierto lo suficiente como para dejar ver un poco de su piel y de sus pechos, permaneció más tiempo del que pensó observando hasta que pudo apartarla y encontrarse con los ojos de Cristina que la miraban, Amanda no pudo sostenerle la mirada más tiempo porque se sintió avergonzada. Devolvió su mirada a la ventanilla del auto y observó los objetos que viajaban muy rápido mientras el auto avanzaba. Apartó malos, pervertidos, irrespetuosos, enfermos y sexosos pensamientos de su mente, ni siquiera sabía porque había hecho semejante acto de falta de respeto. Debía estar completamente loca; el alcohol la estaba haciendo delirar y de una manera que no se podía permitir.

Se aventuró nuevamente a mirar a Cristina, luego devolvió su mirada fuera, se vio reflejada en el vidrio del auto y llegó a la conclusión que estaba ebria, sentía que el corazón latía mucho más rápido, ese sentimiento que la embargaba era uno que en alguna otra ocasión había estado en ella, pero que no se permitiría prestarle atención. Cerró los ojos y decidió no pensar en nada más y no darle importancia a nada, mañana sería un nuevo día, un día distinto, un día donde pensaría más claramente y podría hacer las cosas que son correctas.
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