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actualizando el blog de La Teta Feliz por problemas de tiempo, por mi trabajo. Yo sigo en mi blog personal, y tratando de actualizar La Teta Historia. Pero no La Teta Feliz. Sepan Disculpar.

Atte Jjaxxel



24 mar. 2014

La vida es un paso a la vez - Sankh - 35

Capítulo 35:
-      Sabía que no durarías mucho aquí, tenía que llegar tu salvadora y secuestrarte. – dijo Lorena con una sonrisita de medio lado.
-      No me extrañes mucho.
-      Ni siquiera me había enterado que regresaste. – la abrazó fuertemente Lorena hasta casi asfixiarla. – Te quiero gorda.
-      Y yo te quiero a ti.

Estela regresaba de acomodar un equipaje en el auto de Cristina y se detuvo a observar la estampa, siempre había amado la manera tan especial en que sus hijos habían crecido y en lo mucho que se querían, para ella era un hermoso regalo. Se acercó a Cristina y sin mirarla le dijo. – Cuídala bien Cris, yo viajaré al menos dentro de una semana y media, no es que no esté tranquila. – esta vez la miró al rostro. – es que…ya sabes…yo…
-      Estela eres su madre y puedo entender que te preocupes y en el estado que se encuentra quieras pasar más tiempo con ella, para mí no es un problema, al contrario es increíble que puedas continuar a su lado, aunque me hayas permitido llevarla de vuelta.
-      Es lo mejor, aquí no tendrá la recuperación que tendrá a tu lado, ella te necesita.
-      Y yo a ella.
Estela besó su mejilla y comenzó a caminar hasta Amanda. – Bueno hija, te veré más o menos en una semana, espero que comiences con tus terapias, te alimentes y…
-      Cuenta con eso Mamá. – le interrumpió con una gran sonrisa.
Estela sonrió porque pudo reconocer en el rostro de su hija una inspiración y unas ganas de continuar que antes le veía perdida, por eso estaba segura que su hija estaría bien y más sabiendo que tenía una gran mujer a su lado. – Te adoro. – le dijo Estela mientras la abrazaba y besaba en repetidas ocasiones.
Así salieron para realizar un viaje de algunas horas de regreso a casa, pero antes de llegar a casa Amanda necesitaba hacer algo. – Cris cariño.
A Cristina se le enchinó la piel al escuchar lo lindo que se escuchaba que Amanda la llamara cariño. – Si, amor.
-      ¿Me puedes llevar a alguna parte?
-      Claro, ¿a dónde quieres ir? – preguntó Cristina sabiendo muy bien la repuesta.
-      Quiero ir donde papá.
Cristina ladeó su cabeza, la miró y le sonrió. – Por supuesto que sí, con todo gusto.
Amanda cada vez que regresaba a casa visitaba a su papá en el cementerio, a veces lo hacía dos o tres veces al año; se sentaba un buen rato en su tumba y le hablaba como si él la escuchara, como si ella sintiese sus respuestas dentro de su corazón. Al llegar, Cristina la llevó en la silla de ruedas y la dejó justo al lado de su tumba, mientras ella se alejaba un poco para proporcionarle un poco de privacidad.
-      Hola Papi, aquí estoy nuevamente, ya sabes no puedo regresar sin visitarte unos minutos. Es una necesidad que siempre llevo dentro. Las cosas no han ido bien como habrás notado. – mirando su silla de ruedas. – algunos accidentes que nos hacen caminar un poco más lento. Recuerdo que siempre decías cuando las cosas andaban mal “Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final, hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...”, me encantaba que la dijeras, era como un impulso a seguir y ahora la llevo siempre conmigo.- hizo una pausa y continuó – Te extraño tanto papito, ha pasado mucho tiempo, pero el tiempo no me hace extrañarte menos, al contrario a veces pareciera que te necesito más. Me gustaría que estuvieses aquí conmigo; bueno siempre lo estás, pero sí quisiera que físicamente me acompañaras, me vieras crecer y te sintieses orgulloso de mí. He tratado de llevar mi vida conforme a los valores que tú y Mamá nos enseñaron; a pesar de que ya sabes…pero como me dijiste alguna vez “tus preferencias sexuales no tienen nada que ver con la clase de ser humano que eres y el que deseas ser, me tiene sin cuidado con quien te cases y compartas tu vida, lo que realmente me importa es que seas una gran mujer”, eso lo he tratado siempre Papá, ser una gran mujer; eso que nos enseñaste tú y que Mamá ha continuado enseñándonos a través de los años.
Amanda miró en dirección de Cristina y le sonrió tímidamente, hasta que apartó sus ojos y los devolvió a la lápida - ¿Sabes qué me ha pasado?, me he enamorado, quizás por primera vez en mi vida y no es el hecho de que me he enamorado sea la noticia, sino que me he enamorado de una de mis mejores amigas. No, como crees Papá no es Kathy, imagínate solo esa mala ecuación de Kathy y yo, sería la receta perfecta para el desastre, además que Kathy es prácticamente mi hermana. Me enamoré de Cris, tú ya la conoces, siempre me acompaña aquí y te he hablado de ella creo que…siempre. No pude evitarlo, solo pasó, ella es una mujer maravillosa, es increíble, es todo lo que pude desear y soñar en una persona, ella es la perfecta y no solo me gusta, sino que estoy enamorada y la amo…sí, la amo, he tardado mucho en decirlo a viva voz, pero es lo único que he sentido desde hace mucho tiempo y ahora que soy bastante valiente para aceptarlo y decirlo, quería que fueses una de las primeras personas que se lo dijese. Estoy feliz papito, ella me corresponde de la misma manera y eso me llena totalmente. – Amanda sonrió con los ojos llenos de lágrimas, permaneció en silencio unos minutos y continuó - Ahora regreso a casa y espero poder estar recuperada prontamente y poder retomar mi vida como antes del accidente…te amo Papá, hasta la próxima. – terminó Amanda mientras rodaba las ruedas de su silla y llegaba hasta Cristina.
-      ¿Listo?
-      Listo.
-      ¿Me permites unos minutos? – caminó entonces hasta la tumba del papá de Amanda.
Amanda le sorprendió mucho su acción, pero sin saber porque se sintió muy nerviosa y a la misma vez con un sentimiento único dentro de sí.
-      Hola Don Rafael, aquí nuevamente acompañando a su hija, es que en definitiva si ella no viene hasta aquí y está con usted viviría como si algo le faltara. Es una mujer estupenda y solo quería confesarle que la amo totalmente y le prometo que cuidaré de ella y la haré feliz. Quizás yo no soy la persona que usted estuvo deseando que compartiera la vida de su hija, pero tenga por seguro que jamás haré algo que pueda dañarla o hacerla sufrir…quiero pasar el resto de mis días junto a ella. Ya se soy una mujer, pero soy una mujer que ama a su hija de una manera única y especial… - Cristina sonrió, puso su mano en el pecho y luego sobre la lápida. – Gracias…
Había sido un momento completamente idílico para ambas, el que cada una haya expresado sus sentimientos; una como una confesión y la otra como una promesa las había llenado, además de que el solo hecho de poder estar una al lado de la otra ya era demasiado para ambas, se sentían nuevamente vivas y esta vez con un motivo mayor, con una razón en el corazón, con un sentimiento que recorría todo su ser…
Esa noche llegaron a casa; muy cansadas por cierto, pero con el alma repleta.
-      Crisita, eres la mejor, ya viste que lo del secuestro si funcionaría a la perfección, pero…- dijo poniendo su mano en su barbilla como pensando algo. – se supone que la traerías atada y amordazada, eres una muy mala secuestradora y tú – dirigiéndose a Amanda - con esa sonrisa que traes supongo que ya sufres del síndrome de Estocolmo…
-      Así que lo tenían muy bien planificado, ¿no?
-      Bueno solo imagínate mi vida aquí sola, triste y acongojada, sin Cris, sin ti, sin perro que me mueva la cola, necesitaba hacer algo para que la casa estuviese llena nuevamente; intenté trayendo algunos stripper, algunos marinos, incluso llené la habitación de Crisita con gallinas y la tuya con burras, pero nadie llenaba ese vacío que dejaron ustedes. – dijo Kathy con una cara de fingida tristeza. – Estoy feliz de que estén en casa, las extrañé muchísimo, ahora sé que me sentiré mucho mejor y espero que ustedes dos también.
Amanda miró a Cristina con una mirada pícara y muy sensual y aprovechó el momento para dar un repaso visual al cuerpo de Cristina, llevaba un jean a la cadera que la hizo casi infartar al pasar su mirada por las curvas de su figura, una camisa a rayas abierta hasta la línea de la perdición completaba su vestimenta; Amanda tardó una eternidad en observar cada detalle que le interesaba, al regresar nuevamente arriba se encontró con la mirada de Cristina que la observaba con una ceja alzada y decoraba su rostro con una sonrisa juguetona.
-      Bueno yo paso a mi habitación a dejar mis cosas y a ducharme y a ya saben...descansar un poco.
Kathy la siguió con la mirada hasta que desapareció en su habitación. – Ammmm, Mandi un poco más de discreción, ¿no?, mira que casi te la comes con la mirada y en mi presencia. Ya sé que debe ser difícil tener la cena servida y estar a dieta por salud, eso debe ser jodido, o sea no sé cómo aguantas, o sea la verdad yo me estuviese volviendo loca…
-      Kathy, ¿estás tratando de ayudarme o de joderme más de lo que ya estoy?
-      No, solamente estaba repasando la vida tan mediocre que llevas. Oye Mandi hablando de burras…
-      Nadie habla de burras. – la interrumpió rápidamente.
-      Bueno hablábamos de ti, así que es lo mismo.
-      Idiota. – respondió sentida Amanda.
-      Así me amas.
-      Si claro.
-      Ahora sí, hablando de amar, ¿qué tal vamos con Cristina?, porque con tan solo presenciar tanta cursilería de miraditas, sonrisitas, mordiditas de labios, sacadas de lengua…
Amanda no pudo disimular su estado de éxtasis y su sonrisa la delató sin lugar a dudas.
-      ¿Le dijiste?
-      Sí.
-      ¿Qué le dijiste?
-      Que la amo desde siempre.
Kathy sonrió visiblemente emocionada. – ¿Y ella qué te dijo?, que perdiste tu tiempo porque ya se había buscado una Milf rica que la estaba manteniendo y que cubría todas sus necesidades, especialmente las sexuales y que si querías te podía dar una noche de placer para recordar viejos tiempos, pero que de ahí en fuera de su maíz ni un grano…
Amanda la contemplaba divertida porque como siempre Kathy hacia un drama de una pequeña historia. – Ella me ama Kathy, es increíble y soy la mujer más feliz de todo el maldito universo.
-      Por Dios, al fin haces algo bien, aunque pobrecita de ti ahora tienes la mejor cena de tu vida servida, tienes una hambruna de los siglos por lo siglos y estás en ese silla, mira a ver qué haces para que te levantes de ahí y te comas el pastel con las manos…
Amanda continuó mirándola mientras Kathy seguía su irracional conversación, sonrió con la sensación de sentirse en casa y se apresuró a interrumpirla. – Kat te quiero.
Kathy se detuvo abruptamente y posó su mirada en Amanda que la observaba con una gran sonrisa, agradeció grandemente la oportunidad de ver nuevamente ese hermoso rostro de regreso en casa. Kathy se acercó lentamente a Amanda y se sentó en el sofá a su lado. – Y yo te quiero a ti Mandi, no sabes cuánto. Estoy tan feliz de que estés de regreso, de que estés bien, de que estés aquí en este momento…no lo he dicho, pero mi corazón se quebró con el solo pensamiento de no tenerte más conmigo, sentí que un enorme pedazo de mí se perdía contigo. Es que Mandi, no podía asimilar lo que estaba pasando, no podía perderte, no quería perderte, no quiero perderte… no podía pasar eso, no ahora…y más cuando al fin habías tomado el valor de gritar tu amor y ser feliz, me parecía todo tan injusto que hasta me enojé y cuestioné por qué pasaba, pero luego simplemente comencé a pedir por tu pronta recuperación. – los ojos de Kathy se llenaron de lágrimas y acercó sus manos hasta llevarlas a las de Amanda – Eres mi amiga, mi confidente, mi apoyo, mi guía, mi modelo, mi hermana, mi cómplice, mi mejor patada en el trasero, eres esa persona que siempre ha estado en cada etapa de mi vida y ciertamente quiero que seas esa persona que continúe en ella. En los buenos, en los malos, en los alegres, en los tristes, en la abundancia, en la escases, en los triunfos, en las derrotas, en las locuras, en las corduras; ¿pareciera una proposición de matrimonio no es así? - preguntó con cara de espanto al notar sus palabras. – pero la verdad es que tener una amiga como tu es una bendición gigantesca que a veces siento que no merezco, pero acepto con la más humilde actitud. Tú me has enseñado tanto Mandi, que ni siquiera imaginas que hoy soy mejor por lo que he aprendido de ti, tu entereza, tu fortaleza, tu calidad humana, tu genuina humildad, tu sencillez, tu profesionalismo y tu gran responsabilidad, tu seguridad, tu compromiso, entrega y solidaridad, tu serenidad…eres una mujer maravillosa, una amiga excepcional, un ser humano inigualable, una hermana única y me siento orgullosa de tener el privilegio de compartir tu vida. – Kathy se abalanzó hacia Amanda ofreciéndole un gran y casi interminable abrazo.
Las lágrimas rodaban por el rostro de ambas y ese abrazo era el complemento perfecto para las palabras antes pronunciadas. Hacía muchos años que conocía Amanda, desde que eran unasniñas, quizás antes de que Kathy pudiese tener edad suficiente para reconocer que era la amistad. No recordaba un evento en su vida en que Amanda no estuviese, que no la abrazara, que no secara sus lágrimas, que no le gritara, que no la sacara de aprietos, que no la apoyara, que no le hiciese la vida de cuadritos y en definitiva deseaba que fuese así siempre. – Te adoro morupida.
-      Y yo te adoro a ti idiota. – respondió Amanda aún abrazada a ella y secando sus lágrimas.
Kathy se separó un poco de ella, acarició su rostro con una enorme sonrisa y le dijo suavemente. – Si le dices a alguien que dije tantas cosas lindas y que casi te declaro mi amor, deberé matarte Mandi, así que por favor no cometas ese terrible error, porque en realidad me caes muy bien y no quiero hacerte daño.
Amanda rio y afirmó con la cabeza. – ¿Ahora me podrías ayudar a llegar a mi habitación?
-      Por supuesto, ¿quieres que te lleve en brazos?
Amando sonrió. – No es necesario, ¿puedes traer ese bolso de mano también?
-      ¿Quieres que te duche también? – dijo Kathy con fingida molestia mientras tomaba el bolso y guiaba a Amanda en su silla de ruedas a su habitación.
-      No gracias.
-      Qué bueno, porque ni creas que haré eso, pero puedo llamar a Cris, ya sabes que…- Kathy acomodaba el bolso de Amanda de un lado de la cama cuando alcanzó a ver un libro, lo sacó del bolso y lo miró por varios segundos. – Ángeles y demonios. – dijo mientras miraba a Amanda con una expresión de resignación. – Por Dios Amanda tú y tú fanatismo con estos libros, a veces hasta me das miedo. – caminó hacia la puerta de la habitación y de paso le entregó el libro a Amanda. – O sea eres tan extraña que hasta he pensado que eres parte de alguna orden secreta, pero siempre he tenido la duda si eres del Opus Dei, eres una Iluminati, del Priorato de Sion, Templaria, o Masónica, lo increíble del caso es que… - continúo hablando caminando fuera de la habitación. – es que te atreves a cuestionar mi estado mental diciéndome sociópata desquiciada y que soy una potencial mujer asesina…te vas a ir al infierno por hereje…
Amanda ya no alcanzaba a escuchar más que unos murmullos a la distancia, era evidente que Kathy llevaba el rosario de la aurora de camino a su propia habitación, Amanda simplemente estaba feliz de que las cosas no hubiesen cambiado.
Como pudo y con gran delicadeza tomó una rápida ducha, prefirió esta noche dormir con una camisilla y sus bragas sin nada más que le estorbara. Alcanzó a llegar a su cama y se recostó lentamente.
La puerta permanecía abierta luego que la demencia abandonara la habitación, fue entonces cuando Amanda se percató de la presencia de Cristina que la miraba desde la puerta. Era algo raro no verla con sus pijamas normales, esta vez llevaba un camisón algo corto y muy pegado al cuerpo que simplemente la hacía ver irresistiblemente hermosa y sexy. Amanda quedó sin aliento al poder apreciar tanta belleza…
-      Pensé que necesitarías algo de ayuda, pero ya me doy cuenta que te las has arreglado solita.
-      Sí, un poco.
-      Aunque creo que necesitas que alguien te abrigue, mira que andas así toda escasa de ropas y hace frío. – comentó Cristina cerrando la puerta tras de ella y caminando hasta la cama de Amanda. Se detuvo a unos centímetros y no pudo evitar aventurar sus ojos por la casi desnudez de Amanda, respiró profundamente mientras se acercaba y se sentaba a su lado del otro lado de la cama. La miró al rostro por largo rato, apartó algunos cabellos que caían sobre los ojos de Amanda y aprovechó la excusa de la búsqueda de la frazada para hacer viajar su vista por ese cuerpo que tanto amaba y no dejaba de desear.
Amanda sintió un escalofrió recorrer por su cuerpo, era increíblemente perfecto el momento, pero también se sentía un poco cohibida porque con solo sus bragas y sin nada más que le cobijara sus piernas, se podía apreciar fácilmente la herida de su cirugía.
Cristina se percató de la leve incomodidad de Amanda y detuvo su trayecto de tender la frazada sobre ella. Se recostó un poco a su lado y pasó su manos delicadamente por todo su muslo, acarició todo el trayecto de la herida por la parte de afuera sin tener contacto con ella por miedo a lastimarla. Acercó lentamente su rostro y colmó de besos todo el espacio del muslo de Amanda, con gran delicadeza y con una ternura única. Se incorporó nuevamente y la miró esta vez a los ojos. – Eres hermosa, solo quedará una tenue cicatriz de guerra que nos recordará que estás viva. Sanará en unos meses y de a poco desaparecerá hasta que solo sea una línea; una línea casi imperceptible, pero si yo te hubiese perdido a ti en algún sentido posible, entonces no quedaría una línea imperceptible, sino un corazón hecho pedazos. Amo esa cicatriz como amo el resto de cuerpo, simplemente eres la criatura más hermosa que mis ojos puedan observar.
Amanda no podía siquiera pronunciar palabra, sentía una emoción tan indescriptible que en ese momento sintió que llegaba amar más a Cristina de lo que pensaba, de lo que sentía, de lo que profesaba. Acarició su rostro lentamente y con una ternura que solo el amor podría expresarle quedó observando cada centímetro del delicado rostro de Cristina. –No sé cómo pude aguantar todos estos años teniéndote a mi lado y sin expresarte que desde el primer día que te conocí irremediablemente de ti me enamoré. No siento que perdí ninguno de los días en los que me calle este sentimiento, porque cada uno de ellos sirvió para reconocer con seguridad que eres la única mujer que puede ocasionarme esto. – tomó la mano de Cristina y la llevó hasta su pecho sobre el lado del corazón. – No sé cómo pasó, pero me enamoré cada día de ti y deseaba tanto acariciarte, besarte, poseerte, pero más que eso necesitaba la oportunidad de poder verte a los ojos; como ahora y decirte que te amo. – se acercó a los labios de Cristina y los besó con la misma sensación de siempre…como la primera vez.
Cristina respondió el beso con las mismas ganas y el más grande deseo, posó ambas manos en el rostro de Amanda mientras besaba sus labios, se separó teniendo los ojos aún cerrados, al abrirlos suspiró profundamente mientras alternaba su vista de los ojos de Amanda a sus labios. Siempre era tan delicioso el sabor de esos labios, sentía que los había besado tan pocas veces, pero que era lo más perfecto de su existencia. Alcanzó nuevamente la frazada y esta vez la tendió sobre ella misma, recostó su cabeza sobre el pecho de Amanda y la abrazó con uno de sus brazos que descansó en su vientre. – ¿Tienes algún problema con que duerma esta noche aquí contigo?

Amanda la rodeó con sus brazos y le susurró. – Ningún problema amor mío.
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