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19 mar. 2014

La vida es un paso a la vez - Sankh - 30

Capítulo 30:
Cristina había permanecido en la habitación luego de hablarle al oído a Amanda, había puesto su cabeza sobre el borde de la cama y sosteniendo su mano, se había quedado dormida por mucho tiempo, despertó cuando sintió que alguien acariciaba su cabello, se incorporó rápidamente y pudo comprobar que quien la acariciaba era Amanda. Abrió los ojos sorprendida y se le dibujó una gran sonrisa en el rostro, su emoción era infinita, su corazón palpitaba fuertemente y sentía una enorme felicidad en su interior.
-      Cariño, despertaste.

Amanda sujetó la mano de Cristina fuertemente y balbuceó algo que no pudo ser entendido por el tubo en su boca. Cristina permaneció algún tiempo observándola con lágrimas en los ojos, salió rápidamente y gritó - Despertó - ante la mirada atónita y sorprendida de todos los presentes en la sala de espera.
Las enfermeras entraron rápidamente casi atropellando a Cristina a su paso y se apresuraron a atender a Amanda cerrando la puerta y dejando a Cristina fuera. Unos minutos después entró el doctor y quedaron dentro dejando a los demás con la incertidumbre y la necesidad de saber cómo estaba Amanda. Cristina se acercó a Estela con su hermosa sonrisa y con algunas lágrimas de emoción en su rostro, Estela le sonrió de vuelta y le abrió los brazos para recibirla. La abrazó y dulcemente le dijo. - Solo faltabas tú, hay almas que simplemente no pueden estar separadas y tan solo esperan a que la otra llegue. Ahora todo mejorará. - Estela la sostenía fuertemente en sus brazos, ella necesitaba ser fuerte para todos, aunque simplemente se estaba muriendo de la angustia y del dolor de ver su hija en ese estado, era una pesadilla sentir que se repetía la historia, no lo podría soportar, pero sabía que si se dejaba caer y mostraba su debilidad en estos momentos provocaría un efecto dominó en todos y esa sería la perdición.
Sus hijos eran su vida, la parte más importante de sus días, lo más hermoso que la vida le hubiese obsequiado y la felicidad eterna que le había dejado su esposo al morir. El ya no estaba hacía muchos años, pero no había estado ausente ni un solo día porque en cada uno de sus hijos encontraba una parte de él que siempre le hacía sonreír. Sus hijos eran su mayor orgullo, su gran felicidad y el solo sentir que podía perder a Amanda la hacía enloquecer y tener una terrible tristeza en sus profundidades.
Amanda era la hija que más se parecía a ella, no solo físicamente sino también en carácter y actitudes; era una copia fiel y exacta de ella, pero en versión mil veces mejorada, era increíble el gran parecido . Y aunque el amor hacia sus hijos era el más grande y perfecto y los amabas a todos por igual, Amanda siempre fue especial, era distinta e inmejorable, simplemente era única. Cualquier madre hubiese muerto de un infarto prematuro cuando su niña le confesara que sentía cierta particular atracción por las chicas, pero no ella, mucho antes de la confesión de Amanda ella ya lo sabía con seguridad y no sintió ni rabia, ni dolor, ni vergüenza, al contrario sintió respeto, orgullo y admiración por su hija porque había tenido la valentía y el coraje de aceptar sus sentimientos. No ha habido ni un solo día en el que Amanda no la hubiese hecho sentir orgullosa, con su profesión, con su carácter, con sus actitudes, con su vida, lo único que deseaba con todo su corazón era su felicidad, que encontrara a esa persona que la valorara y la amara por quién era y cuando la mirara pudiese ver ese corazón lleno de los más hermosos sentimientos. Estaba segura que la encontraría o tal vez, ¿ya lo había hecho? Estela miró a Cristina a los ojos, permaneció unos segundos de esta manera, limpió sus lágrimas con su manos y se alejó entrando en la habitación, dentro de ella se encontró con el doctor y le preguntó.- ¿Doctor cómo está mi hija?
     - Le he retirado el tubo, así que ahora podrá hablarles, no he encontrado ningún cambio neurológico por el momento, aun así haremos una resonancia magnética más tarde para descartar cualquier coágulo en el cerebro o alguna inflamación por el impacto en la cabeza, una vez descartado eso, estará fuera de peligro y lo único que resta es ser paciente y que ella pueda sobrellevar el hecho que tardará mucho tiempo en caminar nuevamente. Así que necesitará de mucho apoyo.
-      Lo tiene doctor, tiene todo el apoyo y jamás la dejaremos sola.
-      De eso no tengo duda, ya di la orden para que la trasladen a un cuarto y así puedan estar más cómodos. Ahora si me disculpa me retiro, pasaré más tarde para verla nuevamente y por favor preferiría que continúen entrando pocas personas por el día de hoy para que así pueda descansar y estar tranquila en el proceso de asimilación  de la situación.
-      Cuente con eso doctor, gracias. - respondió Estela mientras observaba al doctor junto a las enfermeras salir de la habitación.
Se acercó lentamente hasta la cama mientras Amanda no la perdía de vista. Estela le sonrió con los ojos llenos de lágrimas, le acarició el rostro y le dijo susurrando.- Hola mi bella durmiente.
Amanda simplemente no pudo decirle nada a su madre, simplemente las lágrimas recorrían su rostro sin consuelo, no podía siquiera pronunciar palabra alguna, pero estaba feliz de verla.
-      Todo estará bien mi cielo, aquí estoy y no te dejaré sola.
-      Mami no puedo mover las piernas. – le dijo Amanda con voz tenue con una gran frustración y confusión en su rostro.
Estela trató de mantener la compostura y con dulzura le dijo. – Corazón, tuviste unas fracturas en tus piernas y debiste ser operada, así que es por esto que por ahora se hará difícil mover tus piernas, pero más tarde lo podrás hacer como antes; es solo cuestión de tiempo para que sanen esas heridas.
Amanda comenzó a llorar con desesperación, en su cara se reflejaba no solo la tristeza sino también el miedo que sentía de pensar que no volvería a mover sus piernas nunca más. Se sentía adolorida, confundía, completamente desencajada y sobre todo sentía una impotencia que la llegaba a desanimar. – No recuerdo nada.
-      ¿Nada de que hija?
-      Que no recuerdo porque despierto en el hospital, porque estás aquí, porque no puedo mover mis piernas, porque me duele hasta el alma…solo recuerdo vagamente que regresaba a casa del trabajo y que…
-      ¿Y qué?
-      Nada…solo no logro recordar nada Mamá.
-      Bueno al menos reconoces a tu madre eso es un gran alivio para mí. – sonrió Estela. – Y si reconoces a Kathy, pues supongo que todo está bien.
-      ¿Quién es Kathy? – le preguntó seriamente.
Estela la miró con preocupación y con gran temor.
-      Mamá, tranquila, Kathy es imposible de olvidar. – rio Amanda y rápidamente se quejó del dolor que le ocasionó reírse.
Estela la miró entrecerrando los ojos. – No juegues conmigo Amanda por un demonio.
-      Lo siento Mamá, pero en realidad no recuerdo nada…
-      Bueno hija supongo que habrás borrado ese momento del accidente de tu mente, ya le comentaremos al doctor, ¿sí?
-      Sí. – respondió pausadamente y luego de algunos minutos de silencio le preguntó a Estela. - ¿Mamá y si no puedo caminar?
Estela junto sus dientes fuertemente, respiró profundamente y le respondió. – Eso no pasará hija, una vez que tu fémur y tu rodilla sanen comenzarás a tomar terapia y aunque cueste mucho tiempo y esfuerzo, volverás a caminar.
-      ¿Estás segura?
-      Estoy segura que estarás bien amor. – completó Estela porque estaba esperanzada de que todo estaría mejor, pero lamentablemente no tenía la seguridad de ello. – Te amo tanto mi niña...
-      Y yo a ti Ma y la verdad que…siento tanto…
-      Vamos hija, no te preocupes, saldremos de esta como hemos salido de otras situaciones, eres fuerte, somos fuertes. Afuera están tus hermanos, tu familia, tus amigas; la gente que te quiere y que no te dejará sola. Ahora quiero que descanses y luego podremos hablar todo lo que quieras, pero ahora necesitas dormir.
-      Si Mamá.
Estela comenzó a caminar fuera de la habitación cuando escuchó la voz de Amanda a lo lejos.
-      Mamá, ¿crees que puedo ver a Cris?
Estela sonrió sin volver su vista a Amanda y le dijo. – Claro hija. – y desapareció tras la puerta. Una vez fuera todos los presentes en la sala de espera se le acercaron para preguntar cómo estaba Amanda. - Ella está bien, solo un poco de amnesia por el golpe en la cabeza, pero estoy segura que se recuperará rápidamente, ya saben cómo es nuestra Amanda.
-      ¿Mami podemos verla? – preguntó Lorena rápidamente.
-      Ahora no preciosa, necesita descansar y el médico pidió total descanso para ella, pero mañana le llenaremos el cuarto y le daremos todo el ánimo que necesita.
-      Me parece bien así Mamá, creo que es lo que necesita en este momento. Lo que en realidad es importante ahora es que despertó, está bien dentro de su estado y lo más increíble que la tenemos con nosotros…está viva.  – dijo Cari mientras se abrazaba a su madre.
-      Ahora quiero que todos vayan a descansar, yo me quedaré con ella hoy. –Estela dijo tranquilamente, pero como una sutil orden.
-      Pero no te quedarás sola Estela. – comentó Kathy.
-      No se preocupen, puedo quedarme sola con ella, prácticamente está fuera de peligro y si pasa algo prometo que los llamo, pero ahora mi necesidad es que descansen porque también necesito de ustedes. Sobre todo tu Kathy has estado aquí desde que sucedió todo y no has regresado a casa, necesitas descansar un rato, comer y ducharte.
-      Kathy creo que mi Mamá acaba de decirte que hueles mal. – bromeó Lorena.
-      Graciosa que eres, si solo llevo dos días sin ducharme, huelo a flores.
-      A flores marchitas. - rio Lorena sin cesar.
Kathy la miró con su mirada asesina compulsiva y llevó su dedo índice a su cuello, haciendo un movimiento de izquierda a derecha como si de un cuchillo se tratara y le dijo entre líneas. – Maldita.
-      Bueno chicas vamos a casa a descansar. – Estela despidió a sus hijas con un beso y al verlas alejarse se acercó a Cristina. – Hay en esta sala muchas personas que quieren a Amanda, para quienes es muy importante, pero ella solo pidió ver a una, a una sola persona de tantas. Eso significa mucho Cristina, más de lo que pensaba. – Estela la miró a los ojos y le sonrió mientras continuaba. – Amanda quiere verte corazón.
A Cristina le cambió totalmente el semblante y sus ojos brillaron con una especie de energía interna que solo podía provenir del corazón, no pudo evitar sonreír aunque hubiese preferido no hacerlo frente a Estela, pero fue completamente inevitable poder expresar su euforia.
Estela le sonrió de manera sarcástica, alzó sus cejas y ladeó un poco su cabeza como entendiendo totalmente la actitud de Cristina. - ¿Qué esperas mi niña?, solo a ti te espera, ve corriendo.
Cristina comenzó a caminar y se detuvo en la puerta, suavemente la abrió y entonces se encontró con la mirada de Amanda que la atraía hacia ella como una especia de imán, caminó todo el trayecto a la cama sin apartar la mirada en sus ojos. Cristina tomó su mano y la entrelazó con la de Amanda, el tiempo se detuvo en aquella caricia, en aquella mirada, en aquellas lágrimas furtivas, aquel simple momento que no necesitaba de palabra alguna para poder expresar todo el sentimiento que habitaba en aquellas dos mujeres. Cristina acarició delicadamente su rostro, simplemente amaba ese rostro aunque estuviese todo herido y rasguñado, amaba cada facción de él y amaba más el hecho de que podía mirarlo como siempre.
-      Te extrañé, tardaste mucho en regresar.
-      También te extrañé horrores. – le sonrió Cristina. – No tenías que llamar mi atención así, si querías que regresara solo tenías que pedirlo.
-      Lo siento. – Amanda respondió con profunda tristeza.
-      No tienes por qué sentirlo cariño, no tienes culpa de esto, no quisiste que pasara, pero lo cierto es que casi muero de tan solo pensar que algo te podría pasar, no podía estar lejos sabiendo que me necesitas…que necesito estar aquí contigo. Dios Amanda si te pasará algo yo… - le susurró Cristina mientras se medió recostaba en la cama y posaba su cabeza en su pecho.
Amanda la cubrió con sus manos y aunque quería decirle un millón de cosas que tenía planificado decirle permaneció en silencio el tiempo suficiente para disfrutar de su cercanía y sentirla en sus brazos nuevamente. A pesar del dolor que sentía su cuerpo, su alma y su corazón sentía la más increíble sensación de bienestar que podía sentir. – Estoy bien, ahora más que estás aquí.
Cristina se acercó a su rostro y sin quitar la mirada de sus ojos le susurró. –Sí, aquí estoy, donde siempre he debido estar…y ahora debes descansar, ¿sí? – se acercó lentamente a sus labios y los rosó con un pequeño contacto que sin duda fue un pequeño y sutil beso en los labios de Amanda. Acarició por última vez su rostro. – Hasta mañana cariño.- y se apartó con la necesidad de permanecer con ella todo el tiempo, pero entendía que Estela merecía estar con ella esta noche, ya ella tendría su tiempo…
Algunas horas después estaba de vuelta en casa con Kathy, todo estaba tan igual y a la misma vez tan distinto. Estaba recostada en su cama cuando sintió que tocaban a su puerta y escuchó la voz de Kathy murmurar. – Cris, ¿puedo pasar?
-      Si pasa Kat.
-      Es que pensé que estabas desnuda y no quiero verte desnuda. Quien sabe y después me gustas…
Cristina arrugó la nariz y la miró desencajando los ojos.
-      Ya sé que me extrañabas amor mío…al menos yo si lo hice mucho. – le sonrió con sinceridad mientras se sentaba en la cama a su lado.
-      Y yo a ti…
-      Sí, pero más a ella.
-      Así es, pero…
-      Mira Cris, yo creo que no es la mejor situación de nuestras vida, no sé cómo vino a pasar esto precisamente ahora, pero mi mamá siempre decía que para todo hay un propósito, simplemente hay que aceptarlo aunque sea difícil hoy porque mañana podremos ver con claridad el resultado. El hecho que estés aquí y hayas regresado es por algo Crisita y no quiero desaprovechar esa oportunidad para hacer lo correcto. – extendió su mano y le entregó unos papeles, se puso de pie y se alejó. – Espero que también puedas hacer lo correcto. – y salió de la habitación cerrando la puerta tras ella.
Cristina estaba bastante confundida con todo, Kathy nunca había sido tan misteriosa y mucho menos tan parca en sus palabras. Cristina agachó la vista hasta sus manos para entonces abrir los papeles doblados que tenía en sus manos, suspiró de tan solo reconocer la letra que decoraba ese blanco papel…
Amiga, esto no es algo que esperaba, ni siquiera me lo imaginaba, tan solo caminaba por la vida y algo me atrajo a ti, algo me indicó donde dirigirme y solo me dejé llevar. Comencé a caminar y llegué a ti; no sé si por casualidad, por destino o por necesidad, una vez llegué detuve mi caminar; y no es que haya estado buscando algo, pero sentí que detenerme era lo indicado…
No sé si fue un error detenerme o fue la más grandiosa idea que he tenido en mi vida, pero debo aceptar que día con día te vas haciendo más importante en mi vida, más necesaria, más indispensable. Y es justo en esos momentos en que detengo mi agitada vida y me pregunto, ‘¿qué estás haciendo?, detente, reacciona , escapa y continua antes que quedes sumergida en ese algo completamente desconocido; sin embargo tan fascinante y embriagante’…y he tratado de huir, de escapar, de desaparecer,  pero soy una imbécil porque cuando decido irme es cuando más rápido regreso, cuando comienzo a extrañarte, cuando la necesidad de estar a tu lado se hace más evidente que la necesidad de continuar mi camino. Por más que intento salir de este laberinto no encuentro la salida y tampoco avanzo, tan solo permanezco y me pierdo más, ¿será que ni quiero salir?...
No sé cómo explicarle a mi corazón lo que me estás haciendo sentir; justamente ahora que me había rendido y mi corazón guardaba…llegaste tú y le pusiste color a mi existencia, una sonrisa enamorada a mis labios y una mirada perdida al horizonte lejano; muy lejano e inalcanzable. En este tiempo me has embrujado, paralizado, desconcentrado, torturado con tu presencia, con tu esencia y ¿cómo pude dejar que me provocaras tantas cosas?, yo que soy tan fuerte, tan centrada, tan realista, tan…idiota…no pude controlarlo, te colaste por cada espacio de mi corazón, por cada centímetro de mis pensamientos, por cada recoveco de mi alma. Y ahí estás, ocupando un espacio en mi corazón que estaba vacío; aunque pareciera lleno; un corazón a puertas cerradas y dispuesto a permanecer en la oscuridad de la soledad, dispuesto a no sentir, a no creer, a no existir… ¿cómo has logrado tanto?, has derribado esa enorme pared que ha sido mi fortaleza por mucho tiempo donde he guardado mi corazón, mi alma, mis sentimientos; donde la razón es la guardiana eterna.
Aun así debo reconocer que eres tú la que alegra mis días grises, la que convierte mis pesadillas en mágicos sueños, la que con su voz acuna mis dormidos sentidos, la que dibuja alguna pícara sonrisa en mi rostro, la que hace que mi corazón se salte un latido cada vez que llega, la que con el solo hecho de estar inutiliza mis sentidos y llega el nerviosismo, la que con sus palabras ilumina mi mirada y ensordece el ruido del mundo; el mundo que queda fuera cada vez que estamos juntas, ese mundo totalmente conocido, sin embargo, innecesario cuando nos tenemos la una a la otra…donde  el bullicio, las gentes, el prejuicio, las miradas y el imposible no existen, no tienen cabida, no triunfan sobre los sentimientos del alma.
Es difícil para mí expresar las cosas que quiero decir algunas veces; dar un paso atrás sería lo más razonable, dar la media vuelta, ignorar al corazón, hacerle caso a la conciencia y vivir prófuga del amor huyendo de los sentimientos.  En muchas ocasiones la única cosa que quiero decir es la única cosa que callo; por miedo…ese miedo que me paraliza, ese miedo que me inutiliza, ese miedo que me acobarda, ese miedo que me hace callar cuando debería gritar, alejarme cuando debería permanecer, querer cuando debería amar, morir cuando debería tan solo vivir…ese miedo que no me permite decirte que te amo Cris…eres tu mi amiga, pero también la única mujer que amo…
Mandi”
Luego de leer cada una de esas letras plasmadas tan perfectamente en esos papeles, Cristina sintió una sensación tan única de saber que Amanda sentía exactamente de igual manera que ella, en medio de aquel incesante mar de lágrimas la felicidad la inundaba, pero también se sintió la mujer más estúpida del universo por haber permitido que el miedo la esclavizara presa del silencio, hubiese sido más fácil gritar los sentimientos y apartar la cobardía. Tomó la carta y la presionó contra su pecho mientras se levantaba de su cama y salía de su habitación. Caminó lentamente por el pasillo hasta que llegó a la habitación de Amanda, pudo observar su maleta casi terminada en un lado y todo listo para un viaje, en la mesita de noche había unos boletos, entonces Cristina entendió…
Se sentó en la cama aún con la carta presionada a su pecho, su llanto ya no tenía consuelo, se dejó caer en la cama y esa noche simplemente dejó salir todo el dolor, la confusión, la emoción, todo el sentimiento que en su corazón guardaba…su lugar estaba al lado de la mujer que amaba, su lugar siempre estuvo ahí y ya era tiempo que tomara su lugar…
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