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Atte Jjaxxel



28 mar. 2014

La vida es un paso a la vez - Sankh - 39

Capítulo 39:
Algunas horas después habían llegado a casa de Estela, quien las recibió con la mayor alegría y con la enorme felicidad de poder compartir con su hija el día de su cumpleaños, que para ella era más que un evento; era una de las razones por las que respiraba a diario.
Kathy había decidido pasar la noche en casa de sus padres y de esta manera poder compartir un poco de tiempo con ellos mientras se encontraban en el área, mientras Cristina ayudaba a Amanda a subir algunos bolsos a su habitación, Kathy miró a Estela y le susurró.- ¿Dejarás que esos dos seres duerman en la misma habitación?

Estela la miró entrecerrando sus ojos y arrugando su entrecejo, luego sonrió - ¿Acaso no lo hacían en casa?
Kathy le sonrió y afirmó con la cabeza. – Por eso, cuando despiertes a media noche escuchando sonidos raros provenientes del piso de arriba, recordarás que te lo advertí. – dijo levantando su mano mientras caminaba hasta el pequeño ascensor en la esquina de la casa.
-      Ni siquiera Andy que si lo necesita utilizó el ascensor en esta ocasión, cada día que pasa te haces más floja y lenta.
-      No, cada vez me hago más princesa. – respondió con su cara pegada al cristal mientras subía y hacia muecas pegada de él.
-      Por supuesto princesa Fiona.
Kathy la miró con desprecio mientras Estela se volteaba y se alejaba del lugar. – No huyas cobarde, te escuché, que falta de respeto más increíble, no, es que deberían linchar a gentes que le falten el respeto a la realeza… - discutía Kathy en su trayecto hacia la habitación de Amanda.
-      ¿Y ahora qué? – preguntó sorprendida Cristina al escuchar su diálogo inentendible.
-      Tu suegra me llamó ogra y fea. – la encaró Kathy.
-      ¿Cuándo has visto un ogro lindo? - rio Cristina.
-      ¿Me faltas el respeto tú también?, esto es una conspiración total…
Amanda se detuvo de arreglar una ropa en el closet y se volteó para observar a Kathy. – Algo le habrás hecho para semejante comentario.
-      Jamás le falto el respeto a Dona Petunia Pérez, jamás.
-      Aja. – la miró Amanda con las cejas arriba.
Kathy no pudo más que reír. – Ya me voy a casa de mis padres, me pondré un pasamontañas y entraré como ladrona en medio de la noche y les diré que hemos secuestrado a su hermosa hija…
-      ¿A tu hermana Marian? – preguntó con expresión de burla Amanda.
-      No idiota a mí. – le ofreció una mirada atravesada. - Y pediré recompensa por mí y me haré rica.
-      Brillante… te harás rica con tu propio dinero.
-      Cierto. – se quedó pensando unos segundos. - No vale la pena…ya me largo par de arpías, cuidado con hacer cosas que yo no haría y hacer ruidos fuertes y enfermizos así de ahhhhhh!!!, que rico!!!!, así, así!!!, ahí!!! no te muevas!!! que rico mamacita!!!- mientras se alejaba con una sonrisa en sus labios y dejaba con cara de sonrojo a Amanda y Cristina que se miraban ladeando sus cabezas de un lado a otro.
La mañana siguiente Amanda abrió sus ojos y lo primero que encontró fue los hermosos ojos de Cristina que la observaban del otro lado de la cama, sonrió agradecida de tener la oportunidad de observar tan bello rostro esa mañana, era aún más hermosa sin maquillaje y con su cabello revuelto, nunca jamás había sentido que alguien la dejara sin aliento con tan solo su presencia. Era un lugar lejano, una cama distinta, pero las mismas mujeres con el mismo sentimiento y la misma necesidad.
-      Feliz cumpleaños cariño. – le sonrió Cristina mientras rosaba sus labios con un tierno beso.
-      Gracias amor mío, es más feliz porque tengo el regalo más hermoso a mi lado.
-      ¿Así?
-      Sí.
-      ¿Dónde? – la miró inquisidoramente.
-      Justamente aquí. - Amanda acarició todo su rostro observando cada facción detalladamente.
Cristina simplemente cerró los ojos para poder sentir con profundidad aquella sensación que la estremecía totalmente.
-      Eres tan hermosa, toda tu, pero más que eso eres hermosa aquí. – dijo poniendo su mano en su pecho al lado de su corazón. – Tu amor es mi obra de arte más hermosa, cada día que a tu lado estoy es una obra de arte…eres la musa de mi inspiración, la armonía de mis pensamientos y sueños, la dirección de mis pasos, el balance de mis sentidos, el espacio que ocupa el todo, la forma definida de mi realidad, la profundidad de mi eternidad, la línea horizontal, curva, espiral, vertical; que me mantiene en el laberinto, el color que pinta mi cielo con los matices de un nuevo amanecer, la textura que le imprime a mi cuerpo toda clase de sensaciones, el equilibrio de mi cordura, el patrón de los latidos de mi corazón…eres la proporción perfecta de mi vida. – apartó unos mechones de cabello que caían en sus ojos y acarició suavemente sus labios. - Te prometo mi cielo, que haré de nuestro amor la obra de arte más hermosa jamás realizada por algún artista; pintaré sonrisas azules en tu rostro, trazaré contornos perfectos en tu cuerpo, mezclaré alegrías en la paleta de tus días, llenaré tu corazón con las tonalidades del amor, construiré esculturas de confianza y fidelidad, dibujaré el camino de tu felicidad eterna con pinceladas de este sentimiento abstracto, pero totalmente verídico.  Tu amor es mi obra de arte, esa invaluable pieza que es mi gran tesoro, no está en un museo, ni tampoco en una famosa plaza, mucho menos la encontramos en libros de historia, ni colgada en ningún escaparate; pero es la más bella, la más valiosa, la más pura, la más perfecta, la más interesante, la más completa manifestación artística del sentimiento más sublime que habita en mi corazón...tu amor es mi obra de arte y la expresión de mi alma que desea ser escuchada cuando dice...te amo...Cris… - y besó sus labios.
Se observaron por un largo período de tiempo sin pronunciar alguna palabra, ese solo contacto fue perfecto para expresar un millón de sentimientos…
Luego de largo tiempo resolvieron levantarse de la cama y comenzar a arreglarse. Amanda se ubicó frente al espejo mientras pasaba por sus labios un color de labios que completaba su tenue maquillaje, luego que terminó con la acción se quedó observando una foto de cuando era una niña y se encontraba con su padre. Recordaba mientras la observaba que se había tomado ese mismo día hace muchos años atrás; un día de su cumpleaños cuando su papá le regaló una bicicleta. Se perdió en el recuerdo de la felicidad que sintió ese día, tanto así que terminó trayendo la bicicleta a la habitación porque no podía simplemente dejar de mirarla.
Cristina se percató de la mirada perdida de Amanda y se le acercó rodeándola por su cintura, colocando su cabeza sobre su hombro y quedando con la vista fija en la foto. – Siempre me ha gustado esa foto, me parece tan perfecto tener ese momento congelado expresando un amor tan único.
Amanda unió sus brazos sobre los de Cristina que la abrazaban y los acarició suavemente. - Amo esa foto, nos divertíamos tanto, siempre me hacía reír, decía que la mejor medicina para el alma era reír, además que era la fuente de la eterna juventud porque impedía las arrugas. Cada vez que eran nuestros cumpleaños tomaba el día libre de su trabajo y lo dedicaba totalmente a nosotros, por eso en cada uno de mis cumpleaños aun siento que toma el día libre y regresa a celebrarlo conmigo.
-      Siempre será así cariño. – murmuró Cristina en su oído mientras besaba su cuello suavemente.
Amanda mantuvo silencio por algunos segundos y desvió su mirada de la foto a el espejo y entonces así ver la mirada de Cristina que se reflejaba observándola, sonrió de la sorpresa de verse observada por tan hermosos ojos. – Gracias.
-      ¿Gracias por qué?
-      Por estar aquí conmigo y más que eso por ofrecerme la oportunidad más hermosa de amar…no todos somos tan afortunados de encontrar el amor.
-      No, gracias a ti porque al fin me encontré, llegaste a mi vida para salvarme…- le ofreció una gran sonrisa y la abrazó más fuertemente desde la misma posición. – Y si no bajamos, no habrá quien nos salve porque tu madre debe estar muy ansiosa y enojada, porque ya es mediodía.
-      Es cierto. – rio conociendo la verdad en las palabras de Cristina, así que no tardaron más en bajar.
Abajo estaba reunida la familia de Amanda; su hermano Rafa con su novia Rachel, Cari con su esposo Jorge y el hijo de ellos el pequeño Eric, Lorena, los padres de Kathy y su hermana Marian, unas primas de Amanda, Estela y como no, Kathy; era un grupo de personas reducido, pero sin duda era su familia inmediata y los que siempre estaban junto a ella.
Amanda descendió por las escaleras con sumo cuidado pudiendo observar algunos de esos rostros conocidos para ella que mientras caminaba se acercaban a saludarla con besos y abrazos a granel.
-      Cielos santo, casi estoy verde del hambre y ustedes solo se dedicaron a comerse el postre antes de la comida. – dijo Kathy mientras se abrazaba al cuello de Amanda. – Feliz cumpleaños bombón de chocolate de mí amargada vida. - mientras besaba en repetidas veces su mejilla.
Amanda sonreía mientras la abrazaba fuertemente. – Gracias a ti por siempre estar y hacer mi vida interesante, te quiero demasiado.
-      Y yo te quiero más a ti, eres mi mejor amiga y mi hermana del alma. – respondió mirándole a los ojos, sosteniéndole la mirada con una gran dulzura. Luego de varios segundos se acercó a su oído y le murmuró. – ¿Ya te comiste el pastelito de cumpleaños?
Amanda simplemente movió su cabeza de un lado a otro con una pequeña sonrisa llena de vergüenza que la hizo sonrojar totalmente.
-      Me gusta sentirte enamorada, me encanta verte sonrojar, me fascina que seas una estúpida romántica cursi de la vida, pero más que eso amo el hecho de que se hagan feliz una a la otra…aunque me las tenga que aguantar todo el tiempo con besitos y miraditas. – alzó su vista al cielo en señal de descontento y se volteó alejándose de Amanda.
Amanda la observó hasta que se perdió entre algunas personas a su alrededor y sonrió por el hecho real de que Kathy jamás podía decir algo lindo sin pronunciar algo característico a su personalidad impertinente.
Así continuó Amanda su caminar y encontrarse con cada uno de los presentes.
-      Te ves hermosa mi niña. – le comentó Cari mientras la abrazaba fuertemente. – Ya me tendrás que prestar ese vestido que está de show. – afirmó observando su vestido rosa con un tenue escote en su pecho que terminaba un poco más debajo de la mitad de su muslo; que sin duda le asentaba perfecto a su figura.
-      Si quieres me lo quito aquí y te lo dejo. – sonrió Amanda.
-      Como crees, que vergüenza espantosa mucha gente necesitaría terapia psicológica después de verte desnuda.
Amanda la miró de mala manera como siempre lo había hecho en forma de broma desde que eran una niñas. Cari era la mayor de los hermanos y era la que más parecido tenía con su padre, eran como dos gotas de agua, siempre que la miraba era como un hermoso regalo.
Mientras continuaba su conversación con su hermana alzó la vista y encontró la mirada de Cristina que la observaba del otro lado. Tenía una vista completa de su cuerpo y sin dudar, aventuró sus ojos por su cuerpo; le parecía tan bella, pero ese día se veía mucho más que nunca. Su vestido; un poco más recatado que el de Amanda hacia que su fina tela le marcara el perfecto contorno de su cuerpo. Cuando devolvió su mirada al rostro de Cristina, sus ojos hablaron mil palabras sin ser escuchadas, Cristina le sonrió pícaramente mientras ladeaba su cabeza un poco haciendo la misma revisión visual en Amanda.
-      ¿Me escuchas Andi? – la interrumpió Cari con disgusto.
-      ¿Ahhhh?
-      Sí, como no, querido dedo, estimada uña, apreciada mugre. – dijo Cari mientras miraba su dedo pretendiendo que él le prestaba más atención que su hermana.
-      Ayyy claro que te presto atención. - le dijo fijándole la mirada.
-      Si claro, hay cosas que llaman más tu atención al otro lado del salón.- volteándose a observar a Cristina y alzando su vaso en señal de saludo.
Amanda no pudo evitar sonreír con su rostro totalmente sonrojado.
-      Wao…
-      ¿Qué? – preguntó rápidamente Amanda.
-      Nada. – sonrió Cari entusiasmada con la reacción de su hermana. – Es linda… - completó.
Amanda no respondió, pero ladeó su cabeza en señal de no entender su comentario.
-      Cris, que es muy linda.
Amanda dirigió nuevamente su mirada a Cristina, que ya no la miraba y mordiendo levemente su labio inferior y como hipnotizada respondió. – Lo es…
-      Me gusta. – añadió Cari.
Amanda dirigió su mirada a su hermana que rápidamente respondió. – Me gusta para ti, es linda totalmente; así como tú.
Amanda la miró profundamente a los ojos y se abrazó a ella por su cintura colocando su cabeza en su pecho, no pronunció palabra alguna, pero la simple acción demostraba un sentimiento único y muy especial.
Mientras, al otro lado del salón Lorena dialogaba con Cristina y se había percatado minutos atrás de las miradas de esas dos mujeres frente a ella. – ¿Por qué tan lejos?
-      ¿Tan lejos de? – preguntó confundida Cristina.
-      Porque tan lejos de mi hermanita.
-      Ammm…- balbuceó nerviosa Cristina sin saber que responder.
-      Cris, Cris, querida mía tu eres parte de esta familia desde hace mucho, te conocemos desde ya bastante años y has compartido con nosotros en muchísimas otras ocasiones, ¿no es cierto?
-      Sí, siempre me han hecho sentir parte de su familia.
-      Porque lo eres, pero en esta ocasión no es como las demás, eras parte de la familia como la amiga de Mandi, ahora en cambio eres parte de la familia como la novia de ella. Amanda es una mujer maravillosa y esta familia la ama por la mujer que es, sin peros…ella te eligió como su amiga, su compañera, su novia, su pareja, su amante; entonces tú en esta familia eres la nuera, la cuñada, la tía; tienes un nombre en esta familia más allá que esos, eres la felicidad de Amanda. Lo que te quiero decir con esto es que no te cohíbas en demostrar ese amor, si quieres tomar su mano, si quieres acariciar su rostro, si quieres hablarle con cariño, si quieres apartar un mechón de cabello de su rostro y observarla con amor; hazlo, no tienes que estar a mil metros de ella deseando estar a su lado. Todos los que aquí estamos conocemos su relación; es un mal de familia ve sabiéndolo, todo se sabe – le dijo por lo bajo con una tenue sonrisa. – y si no supiésemos, sus miradas las delatarían en dos segundos porque el amor no se puede simplemente ocultar y a quien no le guste que mire a otro lugar. Si tú eres la felicidad de esa mujer. – alzó su vista para mirar a su hermana a lo lejos. – entonces nos haces feliz a nosotros.
A Cristina la invadió una emoción única, aquellas palabras no solo la hicieron sentir aceptada y parte de la familia, sino que también la hicieron apartar cualquier temor al rechazo que guardase en silencio en su corazón. Respiró profundamente sin saber que responder, pero con una sonrisa de agradecimiento que podía expresar más que cualquier otra cosa que pronunciara y su rostro un poco sonrojado confirmaba lo bien recibidas que eran esas hermosas palabras dentro de todo su ser; simplemente la abrazó tiernamente y le susurro a su oído. – Gracias.
-      Bueno vamos a comer. – se oyó gritar a Estela desde la parte posterior fuera de la casa. En el patio dentro de una enrome terraza estaban dispuestas varias mesas a lo largo con lo que parecía un gran festín y en otra muy cerca un pastel gigantesco de chocolate.
La mayoría de los presentes ya estaban situados en alguno de los lugares de la mesa y los que no, se acercaban para lograr sentarse. Cristina caminaba junto a Lorena mucho más despacio que los demás.
-      Te falta poner las fresas Cris. – dijo Kathy mientras caminaba por su lado rápidamente sin detenerse y tomando a Lorena casi arrastras y llevarla a dos sillas que permanecían vacías.
Cristina tardó mucho en entender el comentario al asociar las fresas con el pastel de chocolate, sonrió mientras continuó su paso, se detuvo un momento frente a la gran mesa y entonces alcanzó a ver a Amanda del otro lado. Sin apartarle la mirada comenzó a caminar hacia ella, hasta llegar a su lado – Hey. – le dijo con una gran sonrisa.
-      Hola guapa, ya te extrañaba.- le respondió Amanda sin apartar su vista de sus ojos.
Cristina le sonrió y se abrazó a su cintura con su cabeza en su pecho, Amanda la rodeó con sus brazos, se embriagó con el olor de su cabello, bajó su barbilla y besó con ternura su cabeza.
Bueno – escucharon a Estela hablar desde una de las sillas a su lado y entonces se sentaron al escucharla – me gustaría decir algunas palabras en este día que es especial por el hecho que hace 26 años nació el último de mis hermosos tesoros, nuestra Amanda. – se volteó para mirar Amanda que la observaba emocionada. – Mis hijos son el mejor regalo que me ha obsequiado la vida y la perfecta garantía de amor que me heredó mi esposo – esta vez miró a cada uno de sus hijos que estaban sentados alrededor de la gran mesa. –Pero más que celebrar el cumpleaños de Andy, hoy queremos celebrar su vida, la bendición tan increíble que es tenerla con nosotros el día de hoy completamente recuperada de una caída por alguna piedrita en el camino – sonrió con un poco de tristeza sabiendo que en el fondo no había sido ninguna piedrita sino una gran muralla – Fueron días difíciles para todos quienes estamos aquí, pero aunque tuvimos temor, sentimos preocupación, nos invadió la impotencia, nos consumió el dolor, nos aniquiló la desesperación; aun así conservamos la esperanza que solo el amor proporciona; esa que aunque todo vaya mal nos consuela el alma y nos mantiene de pie. Andy, ya tienes 26 años y ya no tengo más bebé; aunque siempre serán mis niños consentidos- sonrió alzando sus cejas - estoy muy orgullosa de ti hija, del excelente profesional que eres, de la maravillosa hija que eres, de la fabulosa hermana que eres; pero más que eso de la increíble mujer que eres. Te he visto crecer todos estos años y convertirte en una digna, responsable, tierna, sencilla, comprometida, dedicada, perseverante y hermosa mujer…es una bendición ser tu madre y estoy feliz de que estés aquí, ahora y mucho más feliz que hayas aceptado el amor – dijo esto sonriéndole a Cristina que se encontraba a su lado - y digo aceptado porque solo a ustedes dos se le ocurre negar lo inevitable y lo que todos los demás sabíamos sin lugar a dudas. Cris no tengo que decirte que tienes a tu lado a una mujer increíble, claro porque es mi hija – rió con cara de aprobación haciendo reír a todos los demás con su expresión – porque estoy segura que sabes y conoces muy bien a esa mujer a tu lado, pero de igual manera Amanda, no tengo que decirte que a tu lado tienes a una mujer maravillosa y es lo que realmente me hace feliz que son dos mujeres maravillosas que se aman.  – Estela le extendió la mano a Cristina y la miró a los ojos. – No solo Amanda esperaba por ti, también nosotros esperábamos a que llegaras a su vida y amamos el hecho de que seas parte de nuestra familia. – Estela se acercó a las jóvenes y las abrazó a ambas en un gran y tierno abrazo que llenó de emoción y lágrimas los ojos de las tres mujeres y de algunos otros alrededor.
En un momento dado se escuchó un silbido y unos golpes en la mesa en señal de emoción desde el otro lado del salón rompiendo completamente con lo sublime del momento. Kathy demostraba su emoción de la única manera que sabía hacerlo, a su propia manera. Su madre que estaba a unas dos sillas de ella la miró con un sentimiento genuino de disgusto, luego alzó sus ojos al cielo y respiró profundamente. – Esta niña nunca crece. – dijo por lo bajo.
El almuerzo transcurrió entre fotos, charlas y risas; Amanda simplemente sentía que estaba en donde debía estar, en el justo lugar; como jamás en toda su vida se había sentido…plena. Unas horas después Kathy ya había bailado sobre la mesa sin apenas haber probado alcohol alguno y había provocado que todos los presentes hicieran el trencito y bailaran el limbo con el palo de la escoba.
Amanda se había alejado un poco, no porque estuviese aburrida y quisiese salir de ahí, sino porque le fascinaba salir a la gran terraza y poder observar el impresionante paisaje, respirar el aire puro de la cordillera. Lo más que amaba de su infancia era haberla vivido en el campo, su casa; junto a algunas más se encontraba en la altura divididas en terrenos espaciosos los cuales la mayoría habían sido convertidos en haciendas. El papá de Amanda amaba los caballos, así que ese fue el lugar ideal para poder desarrollar su pasión teniendo también la posibilidad de poseer un lugar donde construir un hogar con su familia. Una vez que el fallece, su mamá adoptó la pasión y mantuvo el lugar vivo como él hubiese deseado.
Se había recostado un poco con sus brazos apoyados en el murro de la terraza y simplemente se había perdido en ese paisaje que por más veces que pudiese observar la seguía dejando sin aliento y la impresionaba como una niña chica en la inmensidad.
Sintió unos brazos que la rodeaban por la cintura desde atrás. – Es hermoso el paisaje. – le susurró suavemente en su oído Cristina no refiriéndose específicamente a la vista ante sus ojos.
-      Si es increíblemente hermosa.
-      Si lo es, a mí me gusta mucho. – sonrió pícaramente Cristina.
-      ¿Sí?
-      Sí, me gusta sentirla – abrazó fuertemente a Amanda atrayéndola más hacia ella – me gusta olerla – acercó su rostro a su cuello y aspiró su aroma embriagándose con cada respiro – me gusta besarla – besó tiernamente el cuello de Amanda – me gusta saborearla –esta vez pasó su lengua por todo su cuello suavemente, lo que hizo suspirar profundamente a Amanda y dejar caer su cabeza atrás hasta descansarla cerca al rostro de Cristina.
-      Entonces no hablamos de la misma vista. – sonrió Amanda.
-      No, yo hablo de la única vista que me atrae verdaderamente; además cariño, a que más vista quieres que me fije con ese vestidito que se te ve tan exquisito. Aunque…
-      ¿Aunque qué? – preguntó rápidamente Amanda mientras se volteaba para mirarla a los ojos.
Cristina solo le sonrió y le extendió la mano para que la tomara, comenzó a caminar, Amanda extrañada solo entrelazó su mano a la de ella y la siguió en su caminar.
-      ¿A dónde me llevas? – le preguntó mientras caminaban en medio de los presentes sin detenerse a su paso.

Cristina mantuvo silencio un largo rato hasta que salieron fuera de la casa y la invitó a subir al auto. –Solo quiero comprobar que tan exquisita te ves sin ese vestidito… 
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