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Atte Jjaxxel



8 mar. 2014

La vida es un paso a la vez - Sankh - 19

Capítulo 19:
Amanda abrió sus ojos sorprendida de no sentir la cercanía de Cristina, la miró alejarse y se apresuró a alcanzarla rápidamente, la tomó de su antebrazo y la atrajo nuevamente hacia ella. – ¿A dónde crees que vas? – preguntó con su cuerpo muy pegado al de Cristina.
-      Bueno ya te demostré que no era cobarde, ahora te toca demostrámelo tú a mí. – comentó haciendo un reto preciso.

-      ¿Demostrarte qué? – la miró con los ojos desorbitados.
-      Cuan valiente eres tu mi cielo.
Amanda simplemente no estaba pensando correctamente, pero lo que si sabía realmente es que deseaba tener en sus brazos a esa hermosa mujer que la volvía totalmente loca. – Estás jugando con fuego…- le susurró mientras no apartaba sus ojos de sus labios.
-      ¿Y quién te ha dicho que no me quiero quemar?
Amanda besó los labios de Cristina, pero en esta ocasión con gran necesidad, mientras Cristina alzaba sus brazos hasta su cuello y en respuesta a su acción Amanda la sujetó más fuertemente de sus caderas.  Los labios de Cristina respondían con la misma necesidad y Amanda se aventuró a la humedad de esa boca, introdujo delicadamente su lengua hasta encontrarse con la lengua de Cristina y sentir la explosión recorrer por sus cuerpos. El beso se tornó más profundo, más húmedo, más apasionado…más único.
Cristina gimió al sentir la caricia de la lengua de Amanda dentro de su boca, las manos de Amanda acariciaban su cintura y su cuerpo rozaba delicadamente con el de ella misma. Sus respiraciones se volvieron más agitadas y cada sonido de ellas moría dentro de la boca de la otra. Cristina separó el beso, lentamente se acercó a su cuello y lo besó, inhaló su aroma y trazó un camino de humedad con su lengua hasta su oído. Suavemente y con delicadeza le susurró al oído sensualmente. – Quiero que me hagas el amor.
Amanda casi infartó con el sonido de esas palabras que la hicieron estremecer el alma, el cuerpo y el corazón. Instintivamente el comentario la hizo bajar sus manos al trasero de Cristina, estaba completamente conmocionada, extasiada, fuera de sí. Sus labios eran tan dulces, tan suaves, tan ricos, su piel tan delicada, su cuerpo tan perfecto…esas palabras tan deseadas y aceptadas. Amanda la miró a los ojos esta vez sin apartar la cercanía y el roce del cuerpo. – ¿Estás segura? Una vez que…
-      Una vez que empieces no quiero que termines. – le respondió con una mirada sensual; llena de deseo, pero de gran seguridad.
-      Aunque quisiera no podría. – dijo en un tenue susurro con su respiración entrecortada y su mirada fija en su objetivo.
-      Entonces qué esperas amor. – acarició su rostro con su mano. – He esperado demasiado tiempo… - Cristina no estaba para andar ocultando sus sentimientos y menos su excitación, estaba que estallaba de deseo, ¿era lo correcto?, ya no le importaba si lo era o no, simplemente quería probar del néctar de sus labios y de la delicadeza de ese cuerpo que la hacían perder la calma. Era el momento de arriesgarlo todo, de dejarse llevar por primera vez por ese sentimiento que jamás había sentido; cada parte de su ser exigían la satisfacción de sus deseos. Tenía miedo, pero no sería ella la cobarde, no ahora, no hoy, no en este momento.
Amanda mordió sus propios labios y se acercó a los labios de Cristina, esos que tantas veces la invitaban a besar, a morder, a lamer, a disfrutar, pero ya no tenía que fantasear más porque ahora estaba viviendo su realidad. El calor de la sangre incrementaba rápidamente, como también así la necesidad de ir más allá de los límites. Amanda subió el camisón de Cristina y se encontró con la grata y excitante sorpresa de la delicadeza de su piel desnuda; acarició dulcemente toda la piel que encontró a su paso y la oprimió más a su cuerpo.
Cristina gimió tan solo sentir esa deliciosa caricia y en respuesta movió sus caderas y presionó su pelvis contra el cuerpo de Amanda, lo cual hizo que Amanda enloqueciera y de igual manera devolviera el roce al cuerpo de Cristina. Quería más, lo quería todo, necesitaba sentir la caricia de Amanda en todo su cuerpo, en todo su ser, en toda ella; quería que Amanda poseyera su cuerpo esta vez, porque ya poseía su corazón.
Amanda suspiró y sin apartar sus manos de su trasero, posó sus labios en el cuello de Cristina, aspiró la dulzura de ese aroma tan delicioso y lo besó delicadamente, primero de un lado; luego del otro hasta que llegó al pecho y la detuvo aquel camisón. Apartó sus manos del trasero de Cristina y las llevó a su pecho, acomodó ambas manos en esos senos tan apetecibles, los acarició sobre su camisón, alzó su mirada llena de deseo y se inclinó un poco para introducir sus manos por debajo del camisón, mientras besaba nuevamente sus labios. Sacó el camisón sobre la cabeza de Cristina y sintió el genuino deseo de acariciar y sentir todo ese hermoso cuerpo totalmente desnudo que deleitaba su vista. Se detuvo unos segundo para observar en detalle cada trazo, cada curva, cada espacio, cada rincón de la desnudez que por fin podía disfrutar.
Cristina temblaba, estaba totalmente excitada, pero aun así sentía unos nervios incontrolables, todo esto era algo completamente nuevo y desconocido para ella; pero debía confesar totalmente que lo deseaba como jamás en su vida había deseado cualquier otra cosa. Quería ser suya en cuerpo, alma y corazón…aunque esto simplemente fuese una aventura para Amanda y mañana ya no hubiese nada que vivir juntas; aun así la deseaba. En el ir y venir de sus pensamientos sintió que las manos de Amanda estaban sobre sus senos, los acariciaba delicadamente, con movimientos suaves y pausados, abarcando cada espacio de ellos. Sus manos eran perfectas para sus senos, ¿o acaso sus senos perfectos para sus manos?, los cubrían todos a la perfección sin dejar un espacio sin su delicioso tacto. Amanda besó sus labios, luego su cuello, hasta llegar a sus senos, besarlos con desesperación y atrapar uno con su boca; Cristina no pudo más que gemir por el placer de sentir aquella boca y luego su lengua recorrerlo todo. Era delicioso sentir sus besos, sus caricias, su lengua dejando su humedad y todo su placer; sus senos estaban a punto de estallar, su respiración entrecortada, su necesidad de que Amanda fuese más allá, más lejos, más profundo; solo indicaban la excitación que recorría todo su cuerpo. Mientras Amanda trabajaba fabulosamente en sus pechos, ella bajó sus manos a su trasero y comenzó a acariciarlo por encima de esos pantaloncitos.
Amanda sentía estar en el paraíso acariciando, saboreando, besando, lamiendo, succionando aquellos senos que cada segundo sentía más excitados entre sus manos.
-      Ohhh Dios, mmmmmmmmm… - murmuró Cristina llena de excitación mientras mordía sus labios. No pudo aguantar más e introdujo sus manos dentro de los pantalones de Amanda, bajándolos hasta llegar al suelo, luego tomó el borde de su camisa y la subió hasta que tuvo el placer de ver completamente liberados aquellos grandes y firmes senos. Posó ambas manos en ellos y los comenzó a acariciar sin apartar la mirada del rostro de Amanda observando cómo cerraba sus ojos y su respiración comenzaba a ser muchos más rápida. Luego de unos segundos se inclinó para posar su boca en uno de ellos, lo que hizo que con el solo contacto Amanda soltara un gran gemido y sujetara la cabeza de Cristina acercándola más a ella. Cristina los besó suavemente y de apoco fue intensificando sus besos. Se comenzó a sentir mareada, extasiada con lo rico de poder saborear aquellos senos.
Amanda deslizó una de sus manos por los senos de Cristina y los comenzó a acariciar, buscó esta vez su rostro y besó esos labios como nunca, sus lenguas se acariciaban con frenesí, mientras besaba sus labios dejó aventurar su mano por entre sus senos, acariciando su vientre y con mucha delicadeza continuó su trayecto hasta su pelvis, de ahí hasta su entre pierna y así poder sentir la humedad que había provocado en Cristina. El sabor delicioso de sus labios, el rico aroma de su piel, el roce perfecto de su cuerpo, la excitante humedad de su interior…Amanda simplemente estaba fuera de control; su piel erizada, su cuerpo gritaba de placer.
Cristina sentía su corazón acelerado, todo su cuerpo temblaba, desbordaba su total excitación...se sentía en otro mundo, plena, completa, en un estado exagerado de placer, como nunca antes…Cristina tomó el rostro de Amanda en sus manos y besó con locura esos labios, con todo el deseo, con todas las ganas, con toda la pasión; el sentir el contacto de sus torsos desnudos, sus senos juntos y sentir como Amanda llevaba su mano y la acariciaba ahí justo donde lo necesitaba, le calentó la sangre y la hizo enloquecer.
Amanda comenzó a empujar suavemente a Cristina en dirección de la cama sin apartar sus labios de los de ella, sin despegar el contacto de sus senos, sin alejar su mano de su entrepierna, sin detener el movimiento y la caricia.
Estando cerca del borde de la cama Cristina instintivamente se dejó desfallecer no sin antes traer con ella a Amanda sujetándola por sus caderas, pero Amanda no se dejó caer sobre ella; no aún. Se dedicó a observar cada espacio de la belleza de ese cuerpo que la embriagaba totalmente, no solo quería llevarse con ella cada caricia, cada beso, cada sensación; sino también el recuerdo de cada rincón de esa divina desnudez.
Cristina sonrió mordiendo sus labios observando la lujuriosa mirada de Amanda recorrer cada minúsculo detalle de su cuerpo, le encantaba verla de esa forma, pero deseaba ya sentir el peso de su cuerpo sobre ella. Así que se alzó un poco para alcanzar sus labios y besarlos, sujetándola de la cintura invitándola sutilmente a bajar completamente.
Amanda respondió su beso y dejó caer sus caderas lentamente flexionando sus brazos hasta que suavemente dejó caer su cuerpo sobre el de Cristina. Las caderas de Amanda quedaron atrapadas por los muslos de Cristina, ese contacto las hizo gemir y que sus gemidos murieran en la boca de la otra haciendo más sonoro, más profundo, más húmedo aquel beso.
Cristina trazó toda su espalda con sus manos hasta llegar a sus caderas y así aprisionarla más cerca, más juntas, más compenetradas.
Amanda apartó sus labios del beso y susurró con su respiración entrecortada – Eres tan…deliciosa…tan perfecta para mi…me sobrepasas Cris…- Acarició con sus dedos sus labios, llenó de besos su cuello y continuó su camino hacia abajo dándole especial importancia a sus pechos. Se detuvo un tiempo en ese preciado lugar y continuó su trayecto; acarició su cintura, trazó el contorno perfecto de sus caderas con repetidos besos y con la humedad de su lujuriosa lengua no perdió más tiempo al pasar por su pelvis, mientras con sus manos acariciaba la cara interna de sus muslos. Amanda se sentía poseída por el deseo único de besar, acariciar, morder, lamer, humedecer cada espacio que encontrara en su trayecto hacia el más allá deseado. Sus manos, su boca, su lengua estaban en todos lados del cuerpo de Cristina, explorándolo, descubriéndolo, escrudiñando cada rincón. Y dedicó todo el tiempo del mundo para apreciar, besar, saborear, acariciar y disfrutar su tesoro añorado.
Cristina dejó escapar un quejido desde sus profundidades arqueando todo su cuerpo que la dejó totalmente llena, plena; todo su cuerpo gritaba en su satisfacción, su corazón latía más a prisa, su temperatura corporal había sobrepasado la máxima, su piel enchinada, su cuerpo temblando, su corazón completamente repleto…
Amanda fijó sus ojos en Cristina desde su posición con una mirada totalmente embriagada, con un cierto matiz distinto que Cristina jamás le había conocido. Amanda cubrió su pelvis y vientre de besos y subió con su lengua el trayecto de vuelta hasta sus senos, los acarició delicadamente hasta llegar a esos labios que le encantaban. La lengua de Cristina le dio la bienvenida con pasión y con el paso de los minutos el beso aumentaba en intensidad y se hacía más sonoro; sus respiraciones aún entrecortadas, sus latidos más rápidos. Amanda dejó caer su cuerpo sobre el de Cristina, se estremeció de sentir su piel desnuda contra la suya, sus cuerpos acoplados perfectamente, piel con piel, movimiento contra movimiento…
Cristina la sujetó de las caderas al compás de aquel delicioso movimiento, acarició su espalda desnuda, su trasero, su cintura, su cabello, sus senos; toda la piel que lograba alcanzar.

Amanda dejó salir un quejido que a Cristina le pareció tan jodidamente sensual que la hizo gemir a ella de la misma manera…en medio de los gemidos, de los movimientos, de los sonidos, de los latidos del corazón acelerados, de las respiraciones entrecortadas y agitadas, en medio de la necesidad de dos cuerpos, de dos corazones, de dos almas, en medio del silencio de aquella noche perdida, en medio de aquellos dos cuerpos que se encontraban por vez primera, pero de dos corazones que se reconocían, en medio de aquel deseo, de la única pasión, de toda la necesidad, en medio de aquel segundo donde las voces se unen para expresar su satisfacción por medio de una explosión desde el interior…un sencillo murmullo de dos palabras en el oído de Amanda le hace estremecer la piel y sorprender el corazón…
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